A LA LUZ DE NUESTRA LÁMPARA (IV) | Sagrada Familia de Urgell
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A LA LUZ DE NUESTRA LÁMPARA (IV)

Reflexiones en tiempos de desierto:

Dios nos interpela e invita a crecer en solidaridad y esperanza 

 Hemos recibido en estos días un sinfín de mensajes a través de los diversos medios de comunicación. Mensajes de índole heterogénea. En un abanico muy variado, donde a través de ellos se ha expresado la riqueza de la diversidad de posturas, pensamientos, formas de interpretar el momento presente, el cual nos ha sorprendido a todos por su imprevisibilidad.
Nosotros, como equipo de Apoyo a la Titularidad, queremos enviar el nuestro, y lo hacemos haciéndonos eco de algunas expresiones que el viernes 27 en la reflexión y oración se elevó por la humanidad en la Plaza de San Pedro, simplemente porque… nos ha hecho bien. Hemos podido constatar, lo que en esa tarde se decía: “Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. La escena evangélica a la que en ese momento se nos invitó a recordar fue la tormenta que sorprendió a los discípulos en medio de del Mar de Galilea, y en la barca Jesús dormía… Como quizás experimentamos mucho de nosotros, al constatar que aún no hay respuesta ante los diferentes modos de elevar una plegaria a los cielos. También nos vuelve a decir: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». “El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos,  nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.”

Queridos hermanos janerianos, en medio de esta crisis a escala global Dios nos interpela y nos invita a crecer en solidaridad y esperanza para ser capaces de infundir a otros confianza y sentido al momento presente, despertándonos a una vida más humana, más sencilla y entrañable que nos hace capaces de reconocer cuántas
riquezas poseíamos en lo cotidiano de cada jornada y no nos dábamos cuenta de su valor, hasta que llegó este momento en que todo pareció naufragar. Decía en esa tarde: “El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor.
En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.”

Deseamos que esta Semana Santa, vivida en este singular momento, reavive nuestra fe, esperanza y solidaridad sin fronteras, al estilo de la Madre Ana María Janer, que a lo largo de su historia, atravesó difíciles momentos y los afrontó con serena confianza pues tenía los pies bien firmes sobre la tierra pero su mirada se dirigía a los cielos.

     

Equipo de Apoyo a la Titularidad

 



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