A LA LUZ DE NUESTRA LÁMPARA (X) | Sagrada Familia de Urgell
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A LA LUZ DE NUESTRA LÁMPARA (X)

Reflexiones en tiempos de desierto:

 

VOLVERÁ A LATIR LA VIDA…

Volverá a latir la vida cuando todo esto pase. Volverá a latir la vida que es más fuerte que la muerte y el mal.
“La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo”. Esta es nuestra esperanza, la que no nos podrá ser robada, silenciada o contaminada. Toda la vida de servicio y amor que ustedes han entregado en este tiempo volverá a latir de nuevo.” 1 Estas palabras del Papa Francisco en su “plan para resucitar” nos alientan a renovar nuestra esperanza, esa esperanza en las palabras del Señor que nos dice: “Mira que yo estoy haciendo algo nuevo.” (Is.43,19). Y creemos que así es, el Señor está haciendo algo nuevo…
Creemos en esa vida que volverá a latir cuando todo esto pase. Vida que volverá a latir, más viva que nunca. Pero creemos también en esa vida que late aún en medio del sufrimiento y la oscuridad. De los miedos, las incertidumbres, el desaliento.

Creemos en esa vida que late cuando las fronteras caen…los muros se derrumban…y se manifiesta casi imperceptible la fragilidad de la que estamos hechos.”2  Esta pandemia nos ha recordado que ninguna persona y ningún país es autosuficiente, que nos necesitamos mutuamente. Nos ha puesto de cara a nuestra fragilidad y vulnerabilidad como seres humanos y como humanidad.
Esta vida que anhelamos deja en evidencia, una vez más, que no hemos hecho de nuestro tiempo todo aquello que podría ser, que podemos mejorar y crecer, que hay un horizonte que nos interpela y nos llama a salir de nuestro encierro y ver aquello que en nuestra sociedad se ha hecho y se continúa haciendo tantas veces invisible.
Nos llama a ver la vida que late en tantos que no tienen un lugar en la sociedad, que no encuentran dónde refugiarse y protegerse, en los que padecen la pandemia del hambre, de la pobreza, de la indiferencia…del individualismo, del mercado que excluye y mata, que invisibiliza a los que no son útiles o redituables para la sociedad. ¿Seremos capaces de mirar lo que tanto tiempo no hemos querido ver? ¿Seremos capaces de extender una mano, de comprometernos? ¿Seremos capaces de reconocer que no todos somos iguales, pero que la vida se esconde con la misma dignidad aún en aquellos que parecen desfigurados por el sufrimiento y la injusticia?

Este tiempo de pandemia en cierta manera nos hace sentir “iguales”, nos hermana a todos con la humanidad en la experiencia de la debilidad y la contingencia, nos enfrenta a una realidad que no hace distinción ni reconoce fronteras, y que necesita que todos actuemos mancomunadamente para hacer frente a esta situación. Porque todos somos vulnerables, y como dice el Papa Francisco, “nadie se salva solo”.

No podemos vivir este tiempo de pandemia reproduciendo modelos injustos que siguen dejando a tantos hermanos en condición de desigualdad. Deseamos vivir este tiempo venciendo la indiferencia y la comodidad que muchas veces nos impiden salir de nuestros círculos de confort para construir una sociedad diferente, con el esfuerzo de todos, donde vivamos el Evangelio, donde reine la solidaridad y donde podamos seguir escuchando los latidos de la vida: La vida que late en los pequeños gestos que unen corazones distintos y distantes: el gesto de hacernos cargo del que más lo necesita, de pensar en nuestros adultos mayores tantas veces olvidados, de comprometernos con el otro cosiendo un tapabocas, haciendo sábanas, aportando un granito de arena para que no le falte el alimento, al menos a los que tenemos más cerca, acogiendo y acompañando a los que están solos y no tienen dónde cobijarse.
La vida que late al recuperar el valor del encuentro, de la comunión: anhelando el abrazo, los seres queridos, el diálogo con el otro cara a cara; reencontrándonos, más allá de las diferencias y dificultades al interior de nuestros propios hogares, descubriendo nuevas facetas de nuestra vida, reencontrándonos por qué no, con nosotros mismos y con Dios.
Latido que nos impulsa a reconocer y valorar la vida sobre todo, como un don que no nos pertenece y que estamos llamados a proteger y custodiar. Como familia janeriana, queremos seguir eligiendo esta vida en cada una de nuestras comunidades.
Escuchemos esos latidos, en medio nuestro. Reconozcamos la presencia de este Dios que hoy, una vez más, está haciendo algo nuevo en medio nuestro, de nuestra familia janeriana, de la humanidad entera.

Hna. Sabrina Martín

Desde Casa de Misericordia en Bogotá

Colombia

1 Papa Francisco, “Un plan para resucitar”. Revista Vida Nueva, 17/04/2020
2 Cfr. Ibid.

 



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