Vida Pastoral de nuestra comunidad de Roma | Sagrada Familia de Urgell
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Vida Pastoral de nuestra comunidad de Roma

 

«El trabajo de sensibilización debe empezar en casa, por nosotros mismos, porque solo así seremos capaces después de concienciar a nuestras comunidades, estimulando a comprometerse para que ningún ser humano sea víctima de la trata.»
Papa Francisco. “Discurso a los Participantes en la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas”.12 de febrero de 2018

 

En el marco de la propuesta de Optar por la vida” queremos compartir con ustedes, hermanas y hermanos, una experiencia que cuestiona nuestras respuestas y nos compromete con el Dios de Jesús y con la experiencia carismática de Ana María Janer. La experiencia profunda de acompañar un camino de libertad pone en crisis nuestros espacios de dedicación a la formación y prevención de situaciones de riesgo en la familia y en la sociedad. Pero sobre todo, con mucha mayor responsabilidad en nuestras comunidades cristianas.

Hace un tiempo nos tocó acompañar como comunidad en red eclesial a una joven en el camino de su libertad después de haber transitado 2 años y 11 meses de pena carcelaria. Una joven, mujer y madre. Una mujer que, más allá de todo prejuicio, fue fuerte. En tal caso, víctima de una sociedad que abandona a su suerte la vulnerabilidad. En el trabajo compartido con el grupo de jóvenes en cárcel, una de las voces más crudas es la que denuncia la ausencia de prevención y formación. Muchas veces imaginamos que un joven que se encuentra en esta situación, no tiene un parámetro familiar fuerte y sano o carece de la contención de un ambiente que pueda evitar semejante herida. Y dejamos el problema fuera. La realidad es que no es así. Al transitar estos espacios y otros, como los lugares donde encontramos cada viernes a mujeres prostituidas, nos encontramos con jóvenes que han formado parte de voluntariados, grupos parroquiales, colegios religiosos, familias comunes con sus limitaciones comunes; jóvenes con formación profesional  y sobre todo, con sueños, esperanzas y una herida que tenemos que asumir, porque todos tenemos responsabilidad. La posibilidad del riesgo no es propiedad de una determinada clase social. Está en el camino de la vida y en todo caso, hay una fortaleza en la posibilidad de contar con herramientas válidas para discernir la dificultad. Pero aún así, la grieta de la vulnerabilidad puede jugarnos una mala pasada. El problema está en ofrecer estas herramientas…

Una de las preguntas más fuertes que nos podemos hacer es: ¿Cuáles son los lugares donde dejamos de estar presente? No sólo como un mea culpa sin salida, sino como punto de partida para la reflexión y la acción. Y desde esta nueva perspectiva preguntarnos: ¿Dónde tenemos que estar? ¿De qué forma?

Las familias no son las únicas responsables de sus hijos. En tiempos donde las economías injustas crean una dinámica de explotación laboral, en momentos de reestructuración familiar y de incertidumbre social, en tiempos de migración y falta de protección de derechos fundamentales, deben fortalecerse las redes de sostenimiento, las redes de acompañamiento, prevención y  formación. Nuestra función no es moralizar, es acompañar, escuchar, buscar caminos, crear espacios.

Sostener la precariedad es un compromiso cristiano. Es lo que hizo y hace Jesús y nos pide continuar. Es lo que comprendió Ana María cuando procuró espacios de contención y formación. Porque es el corazón del Evangelio.

«Cada año miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral y sexual y del tráfico de órganos, y parece que nos hemos acostumbrado a esto, hasta considerarlo una cosa normal. ¡Esto es feo, es cruel, es criminal! Deseo llamar de nuevo al compromiso de todos para que esta plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, reciba una respuesta adecuada.»
Papa Francisco, Ángelus, 30 de julio de 2017